Meu Fado…



    Hoy quiero compartir con vosotros este estupendo blog y un artículo que escribí en diciembre de 2006, acerca del Fado y lo que entonces suponía para mi ese estilo musical. Nada ha cambiado…

Las Voces que me Atraviesan 
    Ayer alguien me preguntó con cierta expresión de sorpresa, ¿te gustan los fados? Y yo respondí: casi no escucho otra cosa, mientras pensaba para mis adentros: “¡vaya, parece que no tengo pinta de que me guste la buena música!, ¿A dónde o cómo me miran para imaginar semejante atrocidad?, tendré que hacerme mirar eso un día de estos”.


    Un día, hace muchos años, tuve la suerte de pasar una hora en el camerino de Amalia Rodrígues. La reina del fado rondaba entonces los ochenta años y en aquella ocasión compartía escenario con Susanne Ciani, Paul Winter, Michal Niman y otros representantes de la recién nacida NEW AGE: Xavier Paxariño, Angelo Badalamenti y, Lito Vitale “Ese Amigo del Alma”. El primer disco de Ennia había sido un éxito inesperado y rotundo (se sigue vendiendo). 


    Hoy me emociono con las voces de Mafalda Arnauth, Dulce Pontes, Cristina Branco, Mariza, Misia y Teresa Salgueiro (del grupo Madredeus). Ángeles portuguesas con voces “castradas” por la madre naturaleza para inspiración de los mortales y gloria de todos los dioses, inventados o reales. ¡Sopranos bellas! que no se sienten ni actúan como divas. Contraltos con una caja torácica que, además de resonar como templos y mantener los sostenidos con la potencia de un órgano catedralicio, sostienen un par de tetas; importantísimo aditamento que entretiene a los distraídos y, añade al sonido un dulzor maternal.

    Mujeres que nos hacen el inmenso favor de cantar para todos, la música de todos. La mayoría de las anteriormente mencionadas y siempre, siempre, amadas; podrían cantar acompañando a orquestas sinfónicas la música de Mozart, Verdi y Haendel; interpretar con grandes coros las obras de Richard Wagner o Carl Orf y, destacar. Mujeres que han querido y sabido evolucionar, fusionar los viejos fados con otras músicas, incluso con el flamenco y lo han logrado.


    A veces mientras las escucho, mientras me dejo arrastrar al sueño mecido por sus canciones, como nanas de niño grande, pienso: mañana he de escribir con amor sobre los hermosos cuellos que encierran las cuerdas vocales que amo. Porque hace muchos años que tengo claro que la vida es corta y que “Sólo se vive el tiempo que se ama“, el resto es un desperdicio.

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