Nosotros, ellos y los infiltrados

En estos últimos años hemos vivido momentos verdaderamente “gloriosos” en los que sentimos claramente que Internet es “la herramienta de comunicación más efectiva que existe”; como vehículo de transmisión de información (y conocimiento) y como instrumento generador de información. Y también, que es quizá, el último refugio de la Libertad de Expresión. Pero los gobiernos (también los elegidos en las urnas) han aprendido… y ahora mismo nadie puede asegurar que muchos de los ataques que se producen sobre grandes empresas y oficinas gubernamentales, no sean en realidad maniobras en la oscuridad para desacreditar a los grupos hactivistas y conseguir, a través el miedo, que sea la propia opinión pública la que exija más policía para luchar contra esos hackers.



Los años 2010 y 2011 estuvieron protagonizados por el goteo de filtraciones de la organización WikiLeaks. De la mano de sus portavoces Julian Assange y Kristinn Hrafnsson (tras la detención del primero en 2010). El mundo del periodismo cambió desde entonces; porque una de las características más relevantes de la información revelada por WikiLeaks no fue el contenido de los cables entre un buen número de diplomáticos y sus gobiernos; ni siquiera las formas de expresión de estos cables, aunque esas formas también revelaban cosas importantes; sino el hecho de que ese contenido fuese tan “generalizado“, que alcanzase a tantos ámbitos diferentes (o que por lo general la ciudadanía ve como independientes) del devenir diario de tantos países en los cinco continentes. El contenido de aquellas revelaciones desvelaba además algo que la gente intuía: “que los medios de comunicación tradicionales conocían mucha información que no publifaban“. Hecho este que propició muchos, y a veces acalorados debates, acerca de los motivos por los que esos medios de comunicación “ocultaban a los ojos del público tanta información” y sobre por qué la sustituían por contenidos con una fuerte carga de propaganda; o incluso por información que después de las revelaciones apareció como “claramente manipulada“. Si, fueron dos buenos años para la información, para Internet y para la gente que quiso estar informada o “confirmar sus peores sospechas“, con respecto al poder de gobiernos y corporaciones. Quizá ya nunca volvamos a vivir algo ten impactante. Los ataques a Julian Assange (ante la imposibilidad de desmentir la información que revelaba), también vinieron a demostrar hasta que punto los políticos y diplomáticos no soportan que se muestren sus vergüenzas y que no reparan en gastos ni ahorran medios (incluso de dudosa legalidad y nada dudosa ética) para detener el flujo de información y que las cosas vuelvan al anterior status quo; además de amenazar con castigos ejemplares a los “culpables de las filtraciones“. 

En el año 2011 han sido las estrategias de grupos como Anonymous o LulzSec los que, con sus ataques a webs corpotativas y gubernamentales, han estado constantemente de actualidad. Quizá se ha centrado demasiado la  información sobre estos dos colectivos “eficientemente desorganizados o caóticamente organizados“; aunque este, el de la notoriedad, era uno de los efectos que buscaban con sus acciones. Por parte de distintos cuerpos de policía en varios países se han detenido a “presuntos miembros” de estas dos facciones de “hacktivistas“, pero nunca han conseguido demostrar nada más allá de la posesión de algunos archivos y copias de correos electrónicos, quizá porque, o no hay nada que demostrar o, efectivamente, no existe una cúpula que dirija los ataques de estos dos grupos o existe un poder distribuido y redundante. Quizá un reflejo de las propias redes en las que actúan. Pero… entre estos hacktivistas que se mueven al filo de la navaja, también se ha descubierto que los gobiernos y las agencias secretas de esos gobiernos ya habían logrado infiltrar a estos dos grupos. En las pasadas semanas ha quedado claro que también hay hackers colaborando con “el enemigo“. Y que los gobiernos, incluidos los de países con regímenes dictatoriales ya hace tiempo que hacen uso de las redes sociales para contrarrestar la influencia de de la información que se vierte en estas redes. Hasta donde llegan esas infiltraciones ?? Nadie puede saberlo a ciencia cierta. Pero lo cierto es que están y que trabajan para mantener esa infiltración. Según datos de un estudio realizado por la empresa Verizon, en 2011 ocurrieron un total de 855 filtraciones. Los expertos señalan que en el año pasado los hackers no buscaron apoderarse de una información especialmente valiosa sino de la mayor cantidad posible de datos. En la mayoría de los casos analizados (81%) los piratas accedieron a datos importantes por medio de ataques premeditados contra redes de empresas e instituciones públicas. Probablemente, desde antes de la llamada “Primavera Árabe” que floreció hace ya un año; los gobiernos ya estaban presentes de una u otra forma en las redes sociales, pero ahora interactúan en ellas a cara descubierta, contrarrestando la actividad de grupos más o menos opositores. Es muy probable que tengan (como es costumbre) dos o más caras. Y que al mismo tiempo que mantienen una actividad clara en las redes sociales, también lo hagan con otros perfiles en los que no se incluye su logotipo. Los gobiernos de algunos países, parecen estar utilizando una estrategia de doble filo para luchar contra las llamadas revoluciones de Facebook: la represión clásica y la promoción de sus propios puntos de vista utilizando las mismas plataformas. 

“Otro ejemplo es la forma en la que el SCAF (Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto) usa Facebook y Twitter. Es posible que no esté muy bien hecho, y que genera decenas de miles de comentarios críticos en línea que se pueden ver, pero el SCAF está aportando sus puntos de vista. Estos son todo acontecimientos importantes y apuntan al aumento del compromiso del gobierno en el ciberespacio árabe”. En Túnez, los funcionarios del gobierno, incluyendo al presidente Moncef Marzouki se han unido a Twitter. La familia real de Jordania, así como el alcalde de Amán, en la capital de Jordania, también utilizan Facebook y Twitter. La primavera árabe les ha enseñado una lección y ahora saben que los medios sociales les pueden ayudar a identificar posibles objetivos de su ofensiva. Una prueba de que esta estrategia les sirve es la utilización de nuevas y viejas estrategias se suman como en el caso de las recientes detenciones de las autoridades marroquíes del estudiante universitario Walid Bahomane, por cargos de “difamación de los valores sagrados de Marruecos” por publicar fotos poco favorecedoras y vídeos en Facebook que se mofaban de el Rey Mohammed VI. Mientras no cejan en sus intentos de poner cerco a la libre circulación e información en Internet a través de los textos legales que impulsan; también intentan amedrentar con este tipo de absurdas y controvertidas informaciones: El asesino confeso de Toulouse estaba en la lista negra del FBI; un: “ya lo sabíamos” que quiere ser un “lo sabemos todo…”; difícil de creer (más que nada, porque después unos aficionados iraníes les derriban un avión radiocontrolado porque en una parte de sus sistemas utilizaba OS Windows ¡!. Y con intentos de infiltración en los que usan los nombres de los grupos de hacktivistas, como en el caso del Anonymous OS, unas distribución Linux plagada de “troyanos“. 

De todas formas y ante los últimos acontecimientos, como el público conocimiento de que un conocido hacktivista del grupo LulzSec conocido como “Sabu” fue detenido el pasado 6 de marzo y se descubrió que llevaba tiempo colaborando con el FBI; ya nada es lo mismo tampoco al otro lado de las conspiraciones de gobiernos y corporaciones. Una antigua componente de Anonymous Jennifer Emick, desveló que “Sabu” ere en realidad Hector Xavier Monsegur, un puertorriqueño de 28 años, en paro y con dos hijos. En estos momentos informaciones como esta que conocíamos el año pasado resultan mucho más creíbles: Eric Corley (el creador, mediante ingeniería inversa, del programa DeCSS, que permitió rippear y copiar DVD), conocido en la comunidad hacker como Emmanuel Goldstein y que publica la revista hacker 2600, asegura que en Estados Unidos un 25% de los hackers trabaja para el FBI, ya sea como miembro de la agencia o como informante. Las unidades de cibercrimen han forzado a muchos hackers a cooperar con ellos amenazándoles con penas de prisión. De este modo, muchos foros populares en este mundillo que son utilizados, por ejemplo, como mercado de identidades robadas y números de tarjetas de crédito, fueron administrados por “topos” del FBI. En otros casos eran los propios agentes los que administraron los foros haciéndose pasar por hackers. Todo esto hace que dentro del mundo hacker haya una cierta sensación de tensión. Uno de los casos más famosos de este tipo de “traición” fue el de Adrian Lamo, que entregó a Bradley Manning, supuesto autor de las filtraciones a WikiLeaks, a las autoridades. 


Ahora mismo, nadie puede asegurar que los ataques que se adjudican a estos grupos de hacktivistas, como Anonymouns o LulzSec, los estén realizando en realidad esos grupos y no el FBI, la NSA, hackers a sueldo de los gobiernos o agentes de los gobiernos infiltrados en los grupos hacktivistas. Todo ello con el fin de desacreditarlos y propiciar medidas legislativas que, de paso, alcanzan también al común de los usuarios. Otros métodos para desacreditar a los colectivos hacktivistas son más finos: intentar desacreditar los resultados de sus acciones, haciendo ver que su impacto fue y es, anecdótico. O sembrando dudas acerca de si en un futuro acabarán atacando centros de de distribución de energía, tráfico aéreo o ferroviario. Es la manoseada técnica del miedo, que sigue dando resultado




rain is coming,
fear Him… 


PC: Pese a todo, por mucho que les molesten los boicots, no son acciones delictivas ¡! Nos acercamos al final del BlackMarch y seguimos adelante: no compramos ni un disco, no descargamos ni una canción, no compramos ni un DVD, no descargamos ni una película, no vamos al cine, no compramos libros ni revistas, no compramos ningún videojuego. Esta es nuestra guerra, nosotros la declaramos ante las amenazas, insultos y coacciones de aquellos a los que hemos venido pagando por sus contenidos durante años. Y no acabará hasta que se arrepientan de sus actitudes. BlackMarch es sólo una pequeña gran batalla.


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