El lamento de Raquel Rull

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Este fin de semana he leído unas cuantas veces la carta que escribió Raquel Rull, una pedagoga que trabajó durante años como educadora social en Ripoll con niños y preadolescentes; entre ellos, algunos de los jóvenes que perpetraron los recientes atentados en Cataluña.

Intentaba encontrar en sus palabras alguna expresión, aunque no fuese explícita, que me aportase esos datos que ya se (y ella también lo sabe) que no voy a encontrar en los diarios ni en la televisión. Porque la desolación que se desprende del sentimiento de fracaso presente en la mayor parte de su “relato”, no es difícil de entender. Y el dolor tampoco.

Pero apenas encontré otra cosa que las mismas preguntas que se podría hacer cualquier vecino que conviviese con esos chicos: “¿Cómo puede ser Younes …? Me tiemblan los dedos, no he visto a nadie tan responsable como tú …“. Justos reproches y más dolor: “Los actos que habéis cometido no tienen explicación y no son lícitos … la guerra la ira, el odio no llevan a ninguna parte. Nunca, en nombre de nadie. Ni para nadie. Ni dioses, ni banderas, ni religión … Sólo puedo decir que tengo el corazón roto …“. Y consejos!! consejos, recomendaciones y deseos para el futuro!!: “Esto no debe quedar con una historia más, tenemos que aprender debemos hacer un mundo mejor. Practicando con el ejemplo, educando en la no violencia, transmiten el no odio, la igualdad. Educando en las escuelas, en los espacios abiertos, en las familias, a nuestros hijos …“.

Y mientras los leía (los consejos), no pude evitar responder en voz alta: pero Raquel… acaso no es eso lo que has estado haciendo durante todos estos años?? educando en la igualdad, en la no violencia?? Dices que cuando eran niños (como los demás…) querían ser… cito: “Piloto, maestro, médico, colaborador de una ONG…”; y de nuevo algunas preguntas. Pero en algunas de estas encuentro algunas claves de tu propio pensamiento: “…¿Cómo se ha podido esfumar esto? ¿Qué os ha pasado? ¿En qué momento …?¡¡Qué estamos haciendo para que pasen estas cosas !! Erais tan jóvenes, tan llenos de vida teníais todo una vida por delante … y mil sueños por cumplir“. Encuentro, incredulidad… cierta candidez… pérdida de contacto… culpabilidad… más culpabilidad, colectiva y un esfuerzo por no mencionar ciertas cosas…

Y, con todo el respeto, hacia ti y hacia esa labor de la que debieras sentirte más orgullosa y menos responsable; he de decirte que, igual no estamos haciendo nada para que “pasen estas cosas”… igual estamos poniendo de nuestra parte todo aquello que creemos necesario para procurar una buena convivencia!! Para qué iba a pagarte a ti el ayuntamiento de Ripoll si no se quisiera facilitar la vida (quizá también la integración… Younes hablaba un perfecto catalán) de esos niños, de esos preadolescentes??

Preadolescentes… “Entre granos, espinillas, testosterona, y sueños por cumplir“, dices en tu carta. Y he deducido que poco más allá de ese punto, tu contacto continuo con ellos, terminó. Hay algunas cosas que faltan en tu carta y otras que muestran la visión desde la que abordabas tu trabajo: no hablas de las “niñas preadolescentes musulmanas”; y sí, ya se que ellas no han perpetrado un atentado… quizá habría que preguntarse por qué… o quizá ya conocemos la respuesta…

Al principio de tu carta escribes: “Estos niños eran niños como todos. Como mis hijos, eran niños de Ripoll. Como aquel que puedes ver jugar en la plaza, o el que carga una mochila enorme de libros, el que te saluda y te dejar pasar ante la cola del super, el que se pone nervioso cuando le sonríe una chica“. Y cuando lo leí me pregunté lo que ahora te pregunto a ti: seguro que eran niños como tus hijos?? en la calle puede que si… pero en casa??. Tu educas a tus hijos segregados por sexo (sobre todo en la preadolescencia) de una forma tan estricta como (sabes, tienes que saberlo) se hace en las familias musulmanas?? Tu enseñas a tus hijos varones los mismos valores morales que se enseñan a los varones musulmanes en su entorno familiar?? Acaso crees, has creído en algún momento que esas enseñanzas no iban a influir en la conducta (y en el carácter) de esos chicos?? no lo creo, no puedes haber olvidado principios tan básicos de la pedagogía!!

Entiendo que queda fuera de la corrección política hablar de ciertas cosas… pero también entiendo que tu, como pedagoga y educadora social, sabes (tienes que saberlo) que si una parte de la educación (no de la formación, eso es solo una parte de la educación) de esos niños transcurre al margen de sus vivencias en el grupo social amplio (en el que tu trabajabas), en los espacios abiertos; y esa parte es un “tabú” algo de lo que no se habla, ni siquiera contigo, porque “no lo entenderías”; en algún momento y ante ciertas circunstancias, puede aflorar!!. No, Raquel, esos niños no eran como tus hijos. Por mucho que tu quisieras que lo fuesen y los tratases como si lo fuesen (y no tengo dudas acerca de tu implicación emocional con ellos, porque eso también se nota al leer tu carta).

Te diré algo que si se. Younes llegó a Ripoll cuando tenía 9 años. Hasta entonces había vivido en Mrirt (un pueblo pequeño de la región de Mequinez-Tafilalet a pocos kilómetros de Khenifra en el Medio Atlas marroquí). Conocí (y aún mantengo el contacto con algunos) a muchos bereberes jóvenes de ese pueblo y de la misma zona, que llegaron a España a finales de los 90. La mayor parte “huyendo” de una región “atrasada”, buscando una vida “moderna” de la que le habían hablado los que habían emigrado antes y regresaban allí de vacaciones con sus coches y su dinero fresco. Y con las prisas de la juventud, por no parecer unos fracasados ante los suyos; unos cuantos, se metieron en problemas y acabaron en prisión. Y entonces, aquellos jóvenes que unos meses antes bebían cerveza, fumaban hachís y acudían a discotecas para ligar con chicas españolas… se volvieron fervorosos musulmanes que exigían “dieta especial y horarios para rezar”.

Pareciera que ante cualquier situación que ellos interpretan como un “fracaso” (o como rechazo, social o sentimental); su único refugio fuese involucionar… encerrarse en si mismos y en aquella religión que aprendieron de niños (en sus casas, de sus padres). Solo falta una mente obtusa (o interesada) que les haga creer que “fracasaron” porque olvidaron a dios… que no es culpa suya sino de la sociedad “sin principios” (islámicos) en la que han vivido… Y que crean que no tienen otra salida que no sea hacerse perdonar mediante el martirio (al tiempo que castigan a esa sociedad laica (atea).

Y esto último es lo que les distingue de otros muchos varones (no musulmanes) que también tienen problemas para enfrentar el fracaso: el componente religioso. Imagino que has conocido algunos a lo largo de tus años como educadora social que se negaban a consultar a una psicóloga o a una psiquiatra. Y también sabes (tienes que saberlo) que enseñar a esos jóvenes a gestionar sus emociones negativas, la sensación de rechazo, la sensación de fracaso, el odio, la ira; es una asignatura pendiente en la educación de todos (no solo de los musulmanes), que no podremos abordar (suponiendo que se quiera abordar) si “escondemos” partes del problema que sabemos que existen. En este caso: enseñanzas erróneas en el entorno familiar más íntimo. Enseñanzas incompatibles con los principios culturales (y legales) de un estado moderno. De una sociedad moderna a la que llegaron de mano de sus padres, en este caso, Ripoll.

Enlace a la carta de Raquel Rull:

muhimu.es/violencia/carta-raquel-rull-pedagoga-trabajo-los-terroristas

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